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El llamado síndrome del cuidador se refiere a aquellas personas que sufren el desgaste físico, psicológico y de su salud en general en el Cuidado de personas mayores en Murcia
constante y continuado de la persona enferma, se da en quienes dedican gran parte de su tiempo a cuidar de personas dependientes. La exigencia que ello conlleva puede llevar al cuidador a un estado anímico de agotamiento, tanto físico como emocional.

El síndrome del cuidador tiene su primera referencia en el síndrome de “Burnout”, descrito por Herbert J. Freudenberger, psicólogo estadounidense (Frankfurt am Main 1927 – New York, 1999). Quien fue uno de los primeros en describir los síntomas de agotamiento profesional y llevar a cabo un amplio estudio sobre el “Burnout”.

Cuidar de un familiar es un hecho sobrevenido, para el que nadie está preparado. La mayoría de veces, sucede en una etapa de la vida en la que se espera disfrutar de la jubilación, de la familia y de todas aquellas cosas que se han ido dejando pendientes. La enfermedad llega y rompe los planes previstos, tanto de la persona afectada como de sus seres queridos más próximos.

Cuidar y atender las necesidades de un familiar supone enfrentarse a una mezcla de sentimientos muy intensos. Hay que cambiar los planes de vida, tanto a corto como a largo plazo, enfrentándose a un proceso largo y doloroso. Todo ello va lastrando a la persona cuidadora, quien fácilmente puede verse sobrepasada en su día a día.

Como resultado de la lucha diaria el cuidador tiene estrés, fatiga y agotamiento, esto le causa sensación de pérdida de control, lo que se conoce como el síndrome de sobrecarga del cuidador o síndrome del cuidador «quemado», porque alude al estado de agotamiento, tanto emocional como físico, que experimentan las personas que dedican gran parte de su tiempo al cuidado de una persona dependiente. 

¿Qué le ocurre a la persona cuidadora?

 La persona cuidadora puede verse tan desbordada por la situación, que postergue su cuidado emocional y físico. Nadie está preparado para afrontar una situación así y muchas personas presentan síntomas de ansiedad o depresión.

A menudo pueden sentirse frustrados, con la sensación de no llegar a todo lo que tienen que hacer. La situación los absorbe de tal manera que muchas veces se ven obligados a dedicar menos tiempo a sus hijos, pareja o amigos, o a dejar de hacer aquellas cosas que les gustaban y les proporcionaban bienestar, acusando una gran sensación de falta de libertad. Consecuentemente, uno de los principales riesgos para el bienestar del cuidador es caer en el aislamiento social. En este contexto, es frecuente sentir impotencia y rabia, además, los cuidadores se sienten culpables por creer que no están atendiendo suficientemente bien a su ser querido.

Este conjunto de emociones, sensaciones y pensamientos puede desembocar fácilmente en problemas psicológicos y físicos. Tanto es así, que cerca de un 90% de las personas cuidadoras presentan alguna afectación del estado de ánimo, como apatía, irritabilidad, ansiedad o trastornos depresivos. También pueden sufrir dolores musculares o de cabeza, alteraciones del sueño o desajustes gastrointestinales, entre otros.

¿Cuáles son las señales de alerta del síndrome del cuidador?

La presencia de algunos de estos síntomas en un cuidador puede ser indicio de sobrecarga:

  • Cansancio persistente.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Disminución o abandono de las aficiones.
  • Desinterés por vivir nuevas experiencias.
  • Elevada irritabilidad.
  • Dolores o molestias sin tener ningún problema de salud aparente.
  • Aislamiento social.
  • Consumo de ansiolíticos y/o antidepresivos.
  • Niveles de estrés y/o ansiedad elevados.

¿Qué podemos hacer para prevenir el síndrome del cuidador?

Es importante detectar cuanto antes las manifestaciones del síndrome del cuidador para actuar y procurar reconducir la situación.

Para prevenir y afrontar la sobrecarga, los cuidadores han de entender que es importante:

  • Conocer bien la enfermedad y su evolución.
  • Comprender los síntomas de la persona afectada.
  • Reconocer y saber gestionar las propias emociones y sentimientos.
  • Pedir ayuda cuando se necesita.
  • Recuperar la propia identidad, más allá del rol de cuidador.
  • Buscar espacios para uno mismo.
  • Aprender a relajarse.

Cabe destacar, que cada vez existen más casos de personas que padecen este Síndrome en Europa y en España, debido al envejecimiento de la población, por lo que actualmente la ayuda a domicilio se convierte en una opción viable para atender a personas en situación de dependencia o que requieran apoyos puntuales para la realización de las actividades de la vida diaria, aliviando la sobrecarga en los cuidadores y evitando problemas de salud a medio y largo plazo.

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